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lunes, noviembre 12, 2007

EL ŊIλATUN PEHUENCHE



Julio Rojas M.


Para elaborar el siguiente artículo, el autor se basó en las anotaciones de su bitácora de trabajo de campo. Dichas anotaciones son fruto de sucesivos viajes a la zona del Alto Biobío, entre 1986 y 1992.El método utilizado en la mayoría de sus investigaciones fue la observación participante y la entrevista posterior con informantes. El autor dedica este trabajo en forma muy especial a aquellos informantes que hoy viven en el wenumapu: la dulce y conmovedora Felicinda Paine Queupil,( λovtui) la abnegada y multifacética Lucinda Paine Queupil, (Wupaipi) Jose Jacinto Paine, (Ŋewean) y Herminia Pavian, de quien se desconoce su nombre mapuche.


En Chile, pehuenche es la denominación que reciben los miembros de las comunidades mapuches que habitan los sectores cordilleranos al noreste del rio Toltén. Los pehuenches chilenos habitan las zonas pre cordilleranas del Alto Biobío y la zona de Lonquimay. En la primera de estas, actualmente se pueden distinguir siete comunidades pehuenches: Callaqui, a 43 km. de Santa Bárbara, Quepuca Ralco, a 80 km. de Santa Bárbara. Ambas localidades ubicadas a orillas del río Biobío. Ralco Lepoy, a 110 km. en la ribera del río Ralco. Luego vienen las reducciones de la orilla del río Quéuco: Pitril, a 61 km. de Santa Bárbara, Cauñicú, a 79 km., Malla Malla, a 95 km., y Trapa Trapa, a 120 km. En total, unas tres mil personas de origen mapuche pehuenche. Trapa Trapa y Ralco Lepoy son las reducciones que muestran el mayor número de habitantes.


Ubicada al sureste de la ciudad de Los Ángeles, en la región del Biobío, en esta zona se distinguen cinco ambientes ecológico-productivos que son:


-El mallín, sectores planos y húmedos, correspondiente a suelos aluviales y dedicados al pastoreo.
-La pampa baja, lomajes suaves y descampes, ambiente seco, suelos trumaos, destinados a pastizales y cultivo de cereales.
-El bosque nativo, lomajes de mayor pendiente, suelos trumaos, compuesto por diversas especies de Nothofagus.
-La pampa alta, nevadas en invierno, pero a fines de primavera y verano utilizadas en el pastoreo de trashumancia. La forrajera más abundante es el coirón.
-Las pinalerías, ubicados en los sectores altos. Son bosques de araucarias (Araucaria araucana) de donde ellos obtienen el pewen o piñón base de su alimentación.


Esta zona cuenta con abundantes recursos forestales, formado por el bosque nativo, en el que figura el roble (Nothofagus oblicua), el raulí (Nothufagus alpina), el coigüe (Nothufagus dombegüi), el radal (Lotamia hirsuta), el lleuque (Prumnopitys andina), que da un exquisito fruto en primavera y verano, la tepa (Laurelia philippiana), el laurel (Laurelia sempervirens), el olivillo (Aextoccicum puntatum), la quila (Chusque quila), el ñirre (Nothufagus antartica), la lenga (Nothofagus pumila) y la araucaria (Araucaria araucana).

De estas especies, la araucaria o pewen, es la que recibe una atención especial por parte del pehuenche. Es el árbol más sagrado para ellos, y es el que les da el fruto de su sustento. Quizás hoy el piñón (ŋüliu) no es la base alimenticia del pehuenche; sin embargo, sigue siendo alimento ceremonial. La recolección del piñón da lugar a una de las rogativas más sagradas en la vida de los habitantes del Alto Biobío: el püntevün.


A propósito de la araucaria, una leyenda pehuenche dice así:


Desde siempre Ŋenechén hizo crecer el pehuén en grandes bosques, pero al principio las tribus que habitaban eses tierras no comían los piñones porque creían que eran venenosos. Al pehuén o araucaria lo consideraban árbol sagrado y lo veneraban rezando a su sombra, ofreciéndole regalos: carne, sangre, humo, y hasta conversaban con él y le confesaban sus malas acciones. Los frutos los dejaban en el piso sin utilizarlos. Pero ocurrió que en toda la comarca hubo unos años de gran escasez de alimentos y pasaban mucha hambre, muriendo especialmente niños y ancianos. Ante esta situación los jóvenes marcharon lejos en busca de comestibles: bulbos de amancay, hierbas, bayas, raíces y carne de animales silvestres. Pero todos volvían con las manos vacías. Parecía que Dios no escuchaba el clamor de su pueblo y la gente se seguía muriendo de hambre.


Sucedió que cuando uno de los jóvenes volvía desalentado, se encontró con un anciano de larga barba blanca.- ¿Qué buscas, hijo? -le preguntó- Algún alimento para mis hermanos de la tribu que se mueren de hambre. Por desgracia no he encontrado nada.- Y tantos piñones que ves en el piso bajo los pehuenes, ¿no son comestibles?- Los frutos del árbol sagrado son venenosos, abuelo -contestó el joven.- Hijo, de ahora en adelante los recibiréis de alimento como un don de Ŋenechén. Hervidlos para que se ablanden, o tostadlos al fuego y tendréis un manjar delicioso.

Haced buen acopio, guardadlos en sitios subterráneos y tendréis comida todo el invierno. Dicho esto desapareció el anciano. El joven siguiendo su consejo recogió gran cantidad de piñones y los llevó al cacique de la tribu explicándole lo sucedido. Enseguida reunieron a todos y el jefe contó lo acaecido hablándoles así:- Ŋenechén ha bajado a la tierra para salvarnos. Seguiremos sus consejos y nos alimentaremos con el fruto del árbol sagrado, que sólo a él pertenece. Enseguida comieron en abundancia piñones hervidos o tostados, haciendo una gran fiesta.

Desde entonces desapareció la escasez y todos los años cosechaban grandes cantidades de piñones que guardaban bajo tierra y se mantenían frescos durante mucho tiempo. Aprendieron también a fabricar con los piñones el chavið, bebida fermentada. Cada día, al amanecer, con un piñón en la mano o una ramita de pehuén, rezan mirando al sol: "A ti te debemos nuestra vida, y te rogamos a ti, el grande, a ti nuestro padre, que no dejes morir a los pehuenes. Deben propagarse como se propagan nuestros descendientes, cuya vida te pertenece, como te pertenecen los árboles sagrados" (Leyenda recopilada en Neuquén, Argentina, a principios del siglo XX).


1. El ŋiλatún.

El ŋiλatún es una de las principales ocasiones que tiene el pehuenche de compartir un mundo común, reforzar la solidaridad grupal y preservar su espiritualidad propiamente indígena, sin influencias occidentales. En el Alto Biobío, las distintas comunidades celebran ŋiλatún dos veces al año, una en Abril y otra en Diciembre.

Tomas Guevara (268; 1898), define esta ceremonia como un acto “determinadamente religioso”; significa para este autor, pedir otra vez, rogativa. Febres, por su parte, la define como el acto de llamar al demonio o al pillan, “lo cual hacen con un cigarro de tabaco”.

Asi describe Febres la ceremonia:

“Se planta un canelo, que en este caso se llama rehue, i amarrado a el se coloca un tronco de árbol semejante a una escala, prahue (…). Antes de oscurecerse, los concurrentes presididos por la machi, dan cuatro vueltas alrededor del árbol sagrado. Terminada esta primera formalidad, se amarran al pie del canelo algunos corderos, según el numero de reducciones que asistan, de color negro si se desea lluvia i blanco si se pide sol”.

En el Alto Biobío, para asistir a la rogativa, la gente que vive en los cerros debe bajar a la zona del rio Quéuco con todo lo necesario para pernoctar los tres días que dura la ceremonia. Algunos bajan a caballo, otros a pie, según sus medios. Es el cacique de la comunidad el encargado de visitar a cada familia en la víspera, a recordarles la importancia de su asistencia durante todos los días y de participar activamente.

El lugar donde se realiza la rogativa, ŋiλatuwe o lepün, es una gran ramada circular abierta hacia el este. En esta abertura se ubican los jinetes que tienen la misión de portar los estandartes (una bandera amarilla y otra azul) y de espantar los malos espíritus. De tanto en tanto, estos jinetes dan vueltas por la parte externa de la ramada, dando gritos y aullidos, a fin de mantener fuera de la ramada a los huecuvü. A esa corrida se le llama awün. Para que los ruegos lleguen bien a los oídos de Ŋenechén, para que la gente se abstenga de tener sentimientos negativos durante la rogativa.

Alrededor de la ramada se ubican los fogones familiares, con espacio suficiente para albergar a cada miembro de la familia. Ellos mantendrán vivo sus fogatas durante los tres días, cocinaran y pernoctaran en este espacio asignado. Hay tantos fogones como familias participando. El humo, dicen los pehuenches, ayuda a hacer llegar los ruegos a Ŋenechén de manera más expedita y rápida.

Al centro de la ramada, se ubica el rewe o altar. Este varía de zona en zona. En el Alto Biobío consiste en una rama de araucaria o pehuén, el árbol sagrado de los pehuenches. A ambos lados, se colocan unos palos desprovistos de ramas u hojas, donde cuelgan los objetos propios del ritual del ŋeλipun: los animales para sacrificar, posteriormente se depositan sus pieles, un kultrún, kaðkawiλas y algo de vestuario.

El rewe es el centro neurálgico de la rogativa y todo gira en torno a él. El baile del loncomeu, el baile del amupurún, los ruegos de la machi, el sacrificio, etc. Un poco más atrás, se ubica el tayülve, espacio reservado para el canto o tayül durante el lonkomeu.


2. El Loncomeu o Choike Purun.

En lengua pehuenche, loncomeu significa “con la cabeza”. Vale decir, es un baile que se efectúa principalmente con un movimiento de la cabeza. En la actualidad, este baile se verifica sólo durante el ŋiλatún. Es un baile zoomorfo que representa el crecimiento de un ñandú, desde temprana edad hasta la madurez. Por eso siempre hay bailarines de distintas generaciones.

Antiguamente, sin embargo, era un baile que se llevaba a cabo en otras ocasiones especiales en la vida de los pehuenches. Se sabe que se realizaba en una fiesta llamada Huecunruca, fiesta que celebraba el paso de una niña a la plena adultez. Se bailaba alrededor de un fogón preparado fuera de la ruka familiar. Los bailarines eran cuatro hombres pertenecientes a dicha familia. Bailaban uno tras de otro, con un continuo movimiento de cabeza y de piernas, daban vueltas alrededor de un fogón. Para este baile, típicamente pehuenche, se usaba la música del cultrún, que en un invariable redoble, acompañaba los brincos y movimientos de cabeza de los bailarines. Antaño, solamente se bailaba loncomeu en el huecunruca.

Usaban los bailarines un traje y adornos especiales. El traje, consistía en un ajustado chiripá y nada más. La cabeza se adornaba con plumas de avestruz de color natural o pintadas de rojo. Se hacía con plumas una especie de diadema, que luego se ceñía alrededor de la cabeza. Las plumas quedaban verticalmente colocadas, los cañones para abajo y la barba para arriba, dando la parte convexa de la pluma para el centro de la cabeza. Las greñas largas que se caían hasta los hombros ceñidas por esta extraña diadema de plumas daban un aspecto feroz a los bailarines. Ya no se baila. (Domingo B. Bonzi, 1922).

Hoy en día, el loncomeu es el baile principal del ŋiλatún. Se trata de un baile exclusivamente masculino. Lo bailan los hombres de cada familia, por turnos previamente acordados. Cada fogón o grupo familiar sale a bailar al menos una vez durante los tres días que dura el ŋiλatún. Los turnos van en sentido contrario a las manecillas del reloj. Cuando le llega su turno a los hombres de una familia, se forman a la entrada de la ramada, en el mismo sector donde se ubican los jinetes.

El acompañamiento musical lo componen el toque de kultrún y las mujeres cantoras del tayülve. La extensión del baile depende de la resistencia de los bailarines. El autor observo algunos muy breves (no más allá de unos cuantos minutos) y otros muy largos (de alrededor de 45 minutos y más.

Recibe también el nombre de choike purún, o baile del ñandú. Los bailarines usan plumas en la cabeza y un poncho, para imitar el plumaje y las alas de un ñandú. El aparejo recibe el nombre de anüm. Se enrollan una manta a la altura de la cintura, pasa por entre las piernas y termina en la espalda a modo de una especie de cola. Además, sus troncos y piernas están adornados con pintura corporal de color azul.

Cuando llega el turno de un grupo de hombres de una familia, se forman a la entrada de la ramada, en el mismo sector donde están ubicados los jinetes. Al comenzar los tañidos del kultrún, los bailarines salen en un orden determinado, orden que es respetado durante las cinco salidas que deben hacer. El puntero o uneltu es el hombre que sale al frente del grupo y “manda” el baile; vale decir, los otros cuatro lo deben seguir. Al segundo bailarín se le llama inaltu, el tercero, el del medio, se le llama rangintu. Al cuarto, rangin pür.

Antes de comenzar el primer baile, el loŋko hace un llamado para que los jinetes hagan una corrida. “Awün tukuvimün purruvé”. Al salir, el grupo, trotan hacia el tayülve y se presentan. Se detienen en fila y el que manda hace unos movimientos con la cabeza. En ese momento, la música y el canto se detienen. Entonces el uneltu se adelanta hasta quedar al frente del tayülve y saluda con una reverencia. Acto seguido la tayelcadora principal pronuncia algunas silabas de su che ui (su nombre mapuche) y la replican las demás cantoras. Luego de una breve pausa, música y canto se reanudan. El primer bailarín, generalmente el jefe de familia, el de más edad, comienza a bailar y los demás lo siguen, con el paso característico del lonkomeu, con talón y planta del pie.

El baile continua con los hombres dando vuelta por la ramada, siempre en sentido contrario al reloj. Durante cualquiera de los cinco bailes, el primer bailarín, de vez en cuando, se detiene frente al tayülve para realizar el baile con la cabeza. La agitan de izquierda a derecha, y luego de arriba abajo. Dependiendo de la destreza de los otros cuatro bailarines, dentro de los cuales es común ver jóvenes, incluso niños, estos también hacen el paso con la cabeza, dando saltos sin moverse del lugar donde se encuentren.

Cada salida dura hasta que los bailarines se cansen. Es el primer bailarín el último en salir de la ramada a descansar, salvo escasas excepciones. Cabe destacar que hay primeros bailarines de muy avanzada edad, de setenta años o más. De tanto en tanto, las personas en la ramada lanzan gritos agudos avivando el baile.

Luego de un momento de descanso, comienza el siguiente baile. Estos no contienen la detención inicial en el tayülve del primer baile. El tañido de kultrún y el canto cambian en cada una de las cinco salidas. El canto de las mujeres del tayülve corresponde a silabas o segmentos en lengua arcaica que se han conservado solo dentro del contexto del lonkomeu. Ninguno de los informantes, incluyendo al cacique o loŋko, recuerda el significado de dichos segmentos, salvo aquellos trozos que aluden al nombre en mapuche del mayor de los hombres. Al final del quinto baile, el loŋko hace un nuevo llamado para que los jinetes hagan una corrida. “Awün entutuvimün purruve”.


3. El Amupurun.

Este es un baile rogativa colectivo, aunque la mujer tiende a tener una mayor importancia y se lo concibe como baile femenino. Literalmente significa “baile caminando” y se realiza una vez por cada día que dura el ŋiλatún. El sonido de la trutruka anuncia la pronta realización del baile.

Junto con el sonido de la trutruka, el lonko nuevamente recorre los fogones familiares llamando a las mujeres al baile. “Awi amupurunmu kudeyal”. “Yavülaiň kudeyal”. “Kompan, tüva püle”. En silencio, la gente se dirige al sector del rewe a formarse. Hombres y mujeres forman por separado dos círculos concéntricos. Las mujeres, en el círculo más cercano al rewe. Los hombres, rodeando el círculo femenino. Dentro del círculo femenino van la machi y la esposa del loŋko.

La machi da inicio a los toques de kultrun, la esposa del loŋko acompaña con kaðkawillas. En seguida, el círculo de las mujeres comienza una ronda en sentido contrario al reloj y los hombres se mueven en sentido del reloj. La machi comienza sus ruegos. Todos están tomados de la mano. A cada oración de la machi, hombres y mujeres agitan los brazos y contestan con gritos agudos. Mientras esto ocurre, entre ambos círculos, dos hombres caminan tocando trutrukas.


En el transcurso del amupurun se producen dos pausas, en donde el silencio es absoluto. La ronda se detiene, aunque nadie se suelta de las manos, manteniendo así siempre cerrada esa cadena que ambos círculos producen. Al finalizar este baile rogativa, hombres y mujeres se retiran en silencio hacia sus respectivos fogones familiares, aun imbuidos de la espiritualidad que una ceremonia como esta produce.

El amupurun del tercer día le da el cierre al ŋiλatún. Antes que anochezca la gente se congrega de la manera ya descrita. Lo diferente se da al final, cuando la gente se dispersa para preparar el retorno a sus hogares, mucha gente se queda en el sector del rewe, conversando en una especie de conclave con el loŋko, su esposa y la machi. Da la impresión que el loŋko da las ultimas instrucciones a fin de dar termino a la rogativa y dar las gracias a las familias por su participación y colaboración.

miércoles, octubre 03, 2007

La Cultura Minera (Julio Rojas M.)


INTRODUCCIÓN


Ganadora del Premio "Cronicas Regionales " del Ministerio de Educacion y el Fondo Nacional del Libro. 1999.

1. La cultura minera.

Siempre es difícil penetrar en la cultura de un pueblo, por más tiempo que se le dedique a la observación y a la investigación. Siempre hay influencias que permean la vida de una comunidad o un grupo humano, marcando su pensamiento, su visión de mundo, sus costumbres y su carácter. Las sociedades son entes dinámicos e interactuantes, no mundos aislados de otros.

Ello es patente, sobre todo en el presente, cuando los medios de comunicación nos bombardean con información instantánea de distintos rincones del mundo. Tanto, que es factible decir que hoy sabemos más acerca de lo que pasa en Irak y la guerra, en la franja de Gaza con la contienda judío-árabe, en Corea y Singapur con las bondades del crecimiento económico, en Italia con sui torneo de fútbol, que lo que sucede en nuestra propia vecindad y con nuestros propios vecinos.

Los nuevos tiempos requieren que el etnólogo sea el espejo de la comunidad, el grupo humano más cohesionado, más férreamente unido, social y culturalmente hablando. La comunidad es aquel grupo humano cuyo ethos cultural es más claramente reconocible, pues comparte una historia, un lenguaje y un conjunto de costumbres y tradiciones comunes.

El grupo que nos ocupa aquí es la comunidad minera que habita la región de Atacama, cuna de la minería chilena. Sostenemos que el minero atacameño es una comunidad homogénea con un ethos que la caracteriza. Uno de los factores que ha ayudado en la conformación de dicha comunidad es, sin duda, una actividad económica que nació con ella y que se ha mantenido a través de los siglos.

A pesar de las dificultades detalladas más arriba, hay ciertas constantes que en una comunidad se conservan a través de los años. En especial en una sociedad como la atacameña, que no ha variado mayormente la manera de ganarse el sustento. Constantes que, sin duda, han permanecido debido a que los recursos naturales del atacameño y su forma de mirar el mundo, tampoco han variado significativamente.

La agricultura, el comercio y hoy por hoy las empresas de servicios, no han podido desplazar a la minería como fuente principal de ingresos del habitante de esta región. Por otro lado, dentro del rubro de la minería, las grandes empresas multinacionales, los grandes capitales extranjeros y las cíclicas crisis del sector, tampoco han podido desplazar del todo al pequeño y mediano minero o al pirquinero. Las grandes empresas mineras no han hecho sino repetir el modelo antiguo subsidiante de la vida del minero. Subsidian sus, poblados, sus viviendas, la educación de sus hijos, la salud de ellos y su familia, entre otras cosas.

Todavía se ven por los cerros, internándose por el desierto, a hombres solitarios buscando la veta esquiva. Son los pirquineros y los mineros de pequeña escala que persisten silenciosamente y en precarias condiciones, con tecnología del siglo XIX, cateando y picando cerros y piques con un bagaje de conocimiento adquiridos en la práctica y por tradición oral. Pasan meses en solitario entrando y saliendo de un pirquén, todavía utilizando el capacho y la fuerza bruta, para bajar a sus hogares con el fruto de su trabajo.

El autor conoció a varios de estos pirquineros y pequeños mineros que mantenían a una familia en bastante mejores condiciones que cualquier familia de la clase obrera de otras ciudades, incluida Santiago. Sus hijos estudiaban carreras universitarias como ingeniería y leyes, en ciudades como Antofagasta, La Serena y Santiago. La pobreza, tal como se ve en el sur es definitivamente diferente a la pobreza de una ciudad minera.

Atacama es la región minera de Chile por tradición de larga data. Aquí nació la minería como industria. Nació el minero como actor social criollo: el obrero y el empresario. Los mineros atacameños actuales mantienen ese espíritu independiente de todos aquellos seres silenciosos que transitaron el desierto, los cerros, quebradas y valles de la región en siglos pasados, desde que Chile nació como república: el antiguo minero, el cateador y el arriero que transportaba leña con su piara de burros, hombres que hacían las labores de aplaneo antes de la era del ferrocarril.

Hoy Atacama explota sus riquezas con alta tecnología; la piara de burros se ha transformado en flotas de camiones que circulan desde y hacia los puertos de la región. Hoy, el barretero trabaja con perforadora mecánica y explosivos. El apir ha sido reemplazado por palas mecánicas. Hoy, el canchaminero acciona desde una torre de control el chancado del mineral. Pero tales operarios, camioneros y agentes portuarios, barreteros y apires de hoy, se enfrentan a su entorno de manera similar a como lo hacían sus antecesores, en un ambiente social que aún conserva ciertas similitudes con el pasado.

Un segundo factor que ayuda a conformar una comunidad, es la cultura que construye para sí y que la identifica. Esto es, una forma particular y propia de aprehender el mundo que los rodea; una manera particular y propia de enfrentarlo y buscar soluciones a los problemas que dicho entorno les plantea.

Sostenemos que la cultura minera existe, manteniéndose a través de los años en el minero actual. La manera de pensar, de vivir, de divertirse, de crear, es una constante que caracteriza al minero de hoy, de la misma manera que caracterizó al minero de épocas anteriores. Constante que fue creada por ellos mismos cuando los primeros hombres, verdaderos pioneros, se avecindaron en la actual región de Atacama para trabajar en los ricos yacimientos que comenzaban a descubrirse, especialmente a partir del siglo XVIII.

El objetivo del presente trabajo es pesquisar aquella constante que aún persiste en el atacameño de hoy y que conforma su cultura minera. Sostenemos que, aunque la forma haya variado (nueva tecnología, nueva manera de explotar los yacimientos, vetas con riquezas menos espectaculares, además de influencias externas) el fondo persiste. La cultura minera conserva su sello. Y la conserva principalmente en el carácter del minero atacameño actual.

Principalmente interesará aquí, la visión de los propios atacameños, aquella que habla de ellos mismos. Los documentos y fuentes ajenas o externas se utilizaron apenas para complementar aquella visión que el atacameño tiene de sí mismo. Intentamos pesquisarlo en los sucesos registrados por su prensa y sus editores. En la historia registrada por sus historiadores. En los productos culturales elaborados por sus propios cultores. En la industria creada por sus propios empresarios. En las ciudades inventadas, desarrolladas y, muchas veces, abandonadas por sus propios habitantes. En sus fiestas y en sus bailes. En su manera de hablar. En síntesis, en todo producto cultural creado por los mineros desde el nacimiento de la minería como industria.

Se utilizaron fuentes primarias e historiográficas para describir el periodo de nacimiento de la industria. Entre las primarias, están los relatos de viajeros que fueron testigos del periodo descrito en este estudio: Paul Treutler, Domingo F. Sarmiento y Vicente Pérez Rosales. Entre los cronistas más técnicos, utilizamos los testimonios de Ignacio Domeyko, Francisco San Román, Enrique Fonseca, William Wheelwright y Benjamín Vicuña Mackenna,.

Dentro de estas fuentes primarias, la prensa local siempre fue un espejo que fielmente reflejó el pensamiento del atacameño, en la crisis y en la bonanza. De particular interés resultan las crónicas costumbristas de José Joaquín Vallejo y otros pioneros del periodismo regional. Finalmente están los historiadores atacameños. Tanto los contemporáneos como los del siglo XIX ayudaron a preservar la memoria socio-histórica de Atacama: Carlos M. Sayago, Luis J. Morales O. y Oriel Alvarez Gómez.

2. El carácter independiente.

Desde el momento mismo de la fundación de la villa de San Francisco de la Selva de Copayapu, se vislumbró la constante a la que aludíamos más arriba. Antes de fundarse como tal, Copiapó ya existía. Una aldea pequeña, con su plaza y sus conventos que giraban en torno a su única razón de ser: sus pequeñas minas, de oro, plata y cobre. Y, en la primera mitad del siglo XIX, el ethos minero comenzó a hacerse evidente.

Un pueblo que se hizo solo, prácticamente sin subsidios gubernamentales. Su carácter de provincia fronteriza y la distancia que la separaba de la capital de la naciente república, hacían imposible demasiada dependencia del poder central. Se creó lo que algunos autores llaman precisamente una cultura de frontera . Sus habitantes fueron los pioneros que la construyeron para sí.

Es decir, campamentos mineros donde nada había y estaba todo por hacerse. Placillas mineras sin reglamentos, surgidas casi sin planificación, cuyos habitantes eran difíciles de domar. Lugares donde el juego, la prostitución y las riñas callejeras parecían ser la única ley y organización posibles.

Supo esta región explotar las riquezas minerales que abundaban. Y vivió durante su primer siglo de vida una sencilla vida de villa, siguiendo los vaivenes de la actividad minera a pequeña escala, con contadas excepciones. La corona española o el estado chileno pocas veces invirtieron en los recursos de la provincia ni subsidiaron su incipiente industria. Pero Atacama siempre contó con hombres y mujeres visionarios que supieron a tiempo hacer el esfuerzo por el progreso propio y el de la provincia.

Atacama creó la primera economía capitalista, autónoma y descentralizada de la nación. La minería se explotaba y se comercializaba sobre la base de un mercado local libre, hasta las últimas décadas del siglo XIX. Fue siempre una región económicamente autosuficiente. Habitada por gente que, por la naturaleza de su oficio, trabajaba sin pedirle nada a nadie. Eran empresas familiares que, gracias a la abundancia y a la alta ley de los minerales, lograron el capital suficiente para consolidarse en el mercado local y mundial. De hecho, hacia 1870, Chile llegó a ser el productor de cobre más grande del mundo, sin que hubiese una política de estado al respecto, como sucede en la actualidad.

En eso parecen coincidir todos los estudios consultados . Atacama pudo sustentarse y construirse gracias a filones superficiales y abundantes de mineral nativo o de muy alta ley, aunque explotados con una excesiva fragmentación de la propiedad minera.

“Durante el siglo XIX (...), la minería encabezaba la transición a la producción industrial capitalista”.

Los empresarios locales sin duda fueron los responsables del devenir de la región, de su progreso y desarrollo. Aquí se crearon las primeras fortunas chilenas y, de ellas, surge la aristocracia criolla. No es extraño entonces, sucesos como los de enero de 1859, donde uno de los hijos dilectos de la provincia, perteneciente a una de las familias de más tradición y riqueza, se levantara en armas contra el gobierno conservador establecido, para defender los intereses regionales (y, sin duda, también los propios). La minería y la política (en síntesis el poder) siempre estuvieron estrechamente ligadas. Pero con poca cabida a posiciones demasiado conservadoras, en el caso de Atacama.

Los aportes fiscales para la provincia de Atacama fueron siempre mínimos y, a través de estas páginas, daremos testimonio de aquello. No estamos diciendo que nunca hubo aportes fiscales. Lo que afirmamos, y lo que los diversos testimonios históricos así indican, es que se solía solicitar el aporte gubernamental. Pero los atacameños jamás esperaron demasiado a que éstos llegaran. Siempre encontraban los dineros necesarios entre las familias más poderosas de la provincia, que no dudaban en hacer su aporte para el desarrollo de sus ciudades. Los vecinos menos pudientes también aportaron a través de créditos especiales y mano de obra para la realización de algún proyecto de interés público.

El estado comenzó a pensar en una minería nacional (estatal), sólo a partir de la reforma del Código Minero, en 1888, que propició subsidios a través de la Caja de Crédito Minero (CACREMI). Ello coincidió con la crisis de las empresas familiares fragmentadas y la inserción de capitales extranjeros, cuando Inglaterra y Estados Unidos superaron a Chile en la producción y en la propiedad de los recursos mineros.

Cuando los dineros fiscales llegaban, muchos proyectos urbanos de la provincia ya estaban en marcha y sólo sirvieron para aligerar la carga de los empresarios que lo habían financiado. En casos como el ferrocarril, lo único que llegó fue el decreto presidencial que lo permitía, además de la concesión de los terrenos fiscales donde ya se había colocado la vía férrea. Nunca fue necesario otro aporte. Los socios capitalistas de Atacama se bastaron para llevarlo a cabo y hacerse cargo de su administración, hasta la creación de la Empresa de Ferrocarriles del Estado .

Pero dicha ventaja inicial se iba a revertir en las dos últimas décadas del siglo XIX, debido a que toda la red ferroviaria de Atacama era privada, para servir a determinada empresa minera. Las demás debían pagar fletes a precios cada vez más altos para transportar sus productos al puerto. La solución fue la construcción longitudinal de un ferrocarril estatal, quedando las líneas pioneras como simples troncales.

Volviendo al punto inicial, observemos cómo la prensa atacameña de mediados del siglo XIX expresaba esta constante a la que nos hemos referido. Entre resignada y orgullosa, una editorial de un diario de Copiapó demostraba estar consciente de este espíritu individualista y emprendedor :

“Es digno de notarse que Copiapó, el único pueblo de la república que por el desarrollo de la industria, i por su propia riqueza ha llegado a elevarse sobre sí mismo, no haya merecido de los gobiernos un debil apoyo, o por lo menos un ausilio para continuar su marcha de progreso.

“Copiapó es casi el único pueblo de la República que satisface por sí solo todas sus primeras necesidades, produciendo al erario una suma bastante considerable por la esportación de sus pastas i por las contribuciones de que está grabada su industria”.


Los ejemplos que se pueden sacar a relucir de este desamparo de parte del gobierno central y la resultante actitud de autogestión regional son muchos y bastante elocuentes. Así lo puntualiza la misma editorial:

“El hospital se ha logrado llevar a su estado actual a fuerza de contribuciones i limosnas. El cementerio se ha concluido a fuerza de erogaciones de los vecinos. La [iglesia] matriz debe también sus escasos recursos a la gratitud pública”.

Y, en otra parte, afirmaba que en las grandes minas “tanto la policía como los subdelegados los pagan los vecinos, cosa que no sucede en ninguna otra parte”. Con justicia, entonces, se quejaba el director del mencionado periódico, cuando exclamaba:

“Estas obras que en todos los pueblos del mundo son construidas a costa del gobierno, solo le han merecido en Copiapó una cantidad de mil o dos mil pesos para su ausilio (...). Copiapó produce al erario, mientras que en los demás pueblos el erario tiene que desembolsar sus cantidades para sostenerlos (...) i, sin embargo, el gobierno jamás dispensó una concesión a Copiapó (...).

“No sería mas justo que el pueblo industrioso de la República, que el pueblo entusiasta i emprendedor mereciese esta debil recompensa, en cambio de sus productos, que no aprovecharse de nuestro espíritu público para no abandonarnos a nosotros mismos, cuando mas necesitamos de una fuerza superior que nos ausilie”.


Este espíritu que dominaba la vida y el desarrollo de la ciudad de Copiapó y la de otras ciudades de la provincia, fue en su momento llamado espíritu de asociación, que en lenguaje moderno llamaríamos iniciativa privada, autogestión y autonomía, la base de una economía descentralizada. Dicha condición única es sin duda sobresaliente, en un país tradicionalmente centralista, en que todo emana y surge desde Santiago y desde el estado.

Atacama fue sin lugar a dudas, una provincia capaz de aunar fuerzas para lograr sus propósitos de desarrollo. Tuvo la fortuna de contar con grandes yacimientos minerales que siempre le reportaron gran vida y riqueza a su sociedad. En la gran mayoría de las empresas que se acometieron, los capitales surgieron, ya de la solvencia de los ricos hacendados y empresarios mineros, ya de la solidaridad de un pueblo que quería ver progresar a su ciudad.

En aquella época, esto se veía sólo en Valparaíso, aparte de la capital. El sólo título de puerto principal de la nación le daba a Valparaíso su dinámica de desarrollo. Santiago, la capital centralizaba las riquezas que producía el país de extremo a extremo. Es decir, entre las provincias de Coquimbo y Concepción .

El estado destinaba algunos recursos al desarrollo de nacientes centros urbanos en plena nación de los reticentes mapuches, como Temuco, Valdivia y la zona de Chiloé. El resto de los recursos quedaba para las demás provincias.

Pero en Valparaíso y Copiapó se generaban recursos propios, fruto de las actividades económicas que ambos polos desarrollaban de manera exclusiva. La actividad portuaria, bancaria y comercial de Valparaíso era tan fuerte que disputaba palmo a palmo con Callao el título de puerto más importante y activo de las costas del Pacífico. A su vez, la actividad minera de Atacama, el departamento más rico en oro, plata y cobre del país, fue el germen de un polo de desarrollo único en la historia de Chile, por las cantidades de dinero que reportaba la exportación de dichos metales.

Ambas ciudades crecieron casi sin necesitar de la asistencia paternal del estado. Ambas ayudaron a generar las primeras fortunas netamente criollas. Dichas fortunas ayudaron a desarrollar la agricultura, en las antiguas haciendas que dejaron los españoles luego de la independencia. Y el estado empobrecido durante las dos primeras décadas como República, se fortaleció gracias a los ingresos que generaban Valparaíso y Copiapó, logrando pagar su deuda externa. Ello le permitió luego concentrarse en modernizar sus principales ciudades con adelantos como el alumbrado público y el ferrocarril longitudinal.

“Lo poco bueno que tenemos consiste en nuestro carácter. Esa especie de independencia que nos retrae del gobierno o mas bién dicho, ese desengaño que nos convence de que nada hemos de sacar de provecho de sus relaciones, es el que nos impele a buscar nuestro apoyo en otra parte, en nosotros mismos.

“Ante todo digamos que al espíritu de asociación se debe las empresas de canalización del Marañón y Quebrada Honda en el Huasco, que producirá los beneficios de la agricultura en una inmensidad de terrenos agradecidos (...).

“Digamos también que le Ferrocarril entre Copiapó y Caldera, la obra de mayor importancia en la república, se deberá al espíritu de asociación.

“En Copiapó no se hace nada, o lo que se hace se hace entre muchos. Tenemos en nuestro modo de ser el espíritu de asociación. Todas las empresas que se acometen se realizan por acciones locales.

“Nada se hace entre nosotros bajo la dependencia o influencia del gobierno, que jamás entra para nada en nuestros cálculos, y esta especie de emancipación en que nos hemos constituido por nuestra riqueza nos da casi siempre la seguridad del éxito” .


En efecto, Atacama exhibe muchos ejemplos de autogestión y descentralización al momento de solucionar sus problemas. El artículo menciona los trabajos de canalización del valle del Huasco para el regadío de los predios del valle del Huasco. Se trata del primer canal de regadío hecho en el valle. La comunidad vallenarina comprendió la necesidad de desarrollar la agricultura, para abastecer los campamentos mineros y abaratar los insumos. Fue una obra donde aportaron todos: las autoridades locales, las familias pobres y las adineradas.

Otros casos de autogestión y autofinanciamiento son el tratamiento de aguas para surtir a la ciudad de Copiapó. Hacia 1840, las aguas del río Copiapó, dada su escasez, estaban sometidas a un sistema de turnos, tanto para uso agrícola como para uso urbano, que desviaba aguas por acequias que corrían paralelas a las fachadas de las casas de la ciudad. Dicha situación fue tratada por la Intendencia y la Municipalidad de Copiapó, adoptando medidas que apenas fueron informadas al presidente Manuel Búlnes:

“El río tiene un cauce extendido i arenoso que consume gran parte de sus aguas en toda la distancia que hay desde el punto llamado Amolanas hasta el llamado Juntas, valle arriba hacia el oriente, cuya extensión se calcula de cuatro a seis leguas. He nombrado una comisión que examine el punto i haga un presupuesto de los costos que tendrá un canal al que se reduzca el río, a fin de evitar el expresado consumo infructuoso de sus aguas; i la Municipalidad se propone llevar sobre sus hombros esta empresa” .

Con relación al tema del agua, ya en 1845, un empresario copiapino ensayaba la manera de utilizar bombas para recoger aguas subterráneas. El intendente en su informe no dejó de aprovechar la oportunidad de alabar y apoyar estos esfuerzos privados,

“(...) para tentar todos los medios de la industria i saber modernos, a fin de proporcionarse el precioso líquido, que en grandes extensiones del terreno hoy incultas, se haya a una vara debajo de la superficie de la tierra”.

Las aguas del río Copiapó constituían un constante peligro dentro de los límites de la ciudad de Copiapó. El río solía desbordarse en años lluviosos y en épocas de deshielos, poniendo en peligro a los habitantes del sector de La Chimba. El río y sus afluentes, Jorquera y Amolanas, fueron canalizados hacia fines del siglo XIX. Finalmente, en 1890 se construye el Acueducto Amolanas, para servir a los parceleros del valle. Sus ruinas se yerguen hoy, un tanto abandonadas, a un costado del más moderno Tranque Lautaro, como un mudo testimonio del esfuerzo regional.

Hacia 1846 el puerto de Copiapó, en la desembocadura del río Copiapó, si bien tenía una exigua población de poco más de 500 habitantes, creó sus propias escuelas, sin la asistencia del gobierno central. Bastó que las autoridades provinciales se reunieran con algún empresario minero, le solicitaran un inmueble en donación, para que el resto de la población hiciera pequeños aportes en dinero que financiara la construcción de las salas y otros insumos.

Así también se fueron renovando el cementerio, el hospital y la iglesia matriz de Copiapó. Ilustres nombres de la ciudad se desprendieron desinteresadamente de propiedades y dinero para poder financiar dichos proyectos urbanos, que en otras ciudades eran tarea exclusiva del gobierno central. Además, aprovecharon las técnicas de construcción que trajeron los arquitectos y carpinteros británicos que habían llegado a Copiapó a construir las faenas y las placillas mineras.

A comienzos de 1840, el jefe de la orden jesuita de la ciudad de Copiapó trabajó codo a codo con los vecinos, levantando muros, limpiando terrenos, a fin de dar comienzo a las obras de la iglesia matriz.

Por su parte, Diego Carvallo, empresario minero dueño diversas minas de plata, comprometió horas de trabajo para llevar a cabo la anhelada recova de la ciudad. Candelaria Goyenechea, ilustre dama copiapina cuya familia estaba ligada a las minas de plata de Chañarcillo, donó en septiembre de 1844 los terrenos para erigir el ansiado hospital. El teatro fue construido sobre los terrenos donados por Ramón de Goyenechea y Manuel Orozco. El dinero fue donado por otros ilustres vecinos, como Agustín Edwards y Matías Cousiño.

Todos estos ejemplos de autogestión, así como el concepto de ciudad y la vida que le imprimieron a ellas, constituyen una rica fuente donde se esconde el espíritu del atacameño. La actividad portuaria en bahías que contaban con muy poca infraestructura para servir de puerto, sus ferrocarriles y su comercio, las editoriales de sus periódicos, fueron todos temas que han sido recogidos en los sucesivos capítulos del presente trabajo.

Otro ejemplo notable de autodeterminación fue una institución llamada la Junta de Minería. Se trata de una entidad autónoma y descentralizada que reunía al gremio de empresarios mineros de Atacama. Legislaba, tomaba decisiones respecto de los campamentos y poblaciones adyacentes a las faenas mineras, sin consultarle a nadie en Santiago. Fue fundada en 1840, por empresarios de la talla de Agustín Edwards, Matías Cousiño, los hermanos Carvallo, José Ramón de Ossa, entre otros.

Toda una institución en la provincia, era una entidad autofinanciada, que no obedecía a ninguna iniciativa del gobierno central ni a la intendencia provincial. Tenía carácter legislativo y gremial a la vez, que velaba por los intereses de los empresarios mineros. Aunque con los años pasó a presidirla el intendente, sus miembros siempre fueron prominentes empresarios del rubro y colaboraron con diversas iniciativas en beneficio de ciudades como Copiapó y Vallenar, además de las diversas placillas (campamentos) mineras.

“Para ser miembros de la Junta, se requería, además de tener domicilio en Copiapó, ser propietario de una o más barras de mina en actual trabajo o tener parte en algún establecimiento de amalgamación; ser aviador de alguna mina o ser ingeniero de minas o ensayador recibido conforme a la ley”.

Esta Junta nació con los problemas de infraestructura y orden de la placilla de Chañarcillo, lugar donde se concentró una población de operarios de las diversas minas, cada vez más numerosa, difícil de tratar y de organizar. Surgió un pueblo sin ley ni reglamento, sin presencia policial, lejos de la mano de la autoridad central o provincial, lo que dio el ambiente para el surgimiento de esa cultura de frontera a la que aludíamos anteriormente. Las riñas y levantamiento de obreros, además del saqueo de las minas era pan de cada día en aquella placilla minera.

Los empresarios con intereses en dichas minas, comenzaron a reunirse para discutir la solución a los infinitos problemas que generaba dicho ambiente social. El establecimiento del pueblo llamado Juan Godoy en su ubicación definitiva, la elaboración de un reglamento interno para todo el mineral y la placilla, estuvieron dentro de sus primeras preocupaciones, entre los años 1844 y 1845.

Su primer presidente fue Tomás Gallo Goyenechea. Entre los fundadores hay una larga lista de ilustres nombres ligados a Atacama: Juan Avalos, Braulio Carvallo, Matías Cousiño, Francisco Echeverría, Santiago Escuti, Pedro Fernández Concha, Luis Lopeandía, José Ramón Mandiola y su hermano Rafael, Felipe Santiago Matta, José María Montt, José Ramón de Ossa y su hijo Gregorio Ossa Cerda, los hermanos Benjamín, José Lorenzo y Tadeo Picón, Ramón del Prado, José León Recabarren, Ignacio Tirapeqgui, Joaquín S. Tocornal, Rafael Torreblanca, Juan José Uribe, José Joaquín Vallejo.

Tuvo la Junta varios miembros extranjeros, que también tuvieron intereses en la minería y la fundición. Los argentinos Alejandro Carril, José Orial Ferrer, Mariano Fragueiro, Domingo De Oro, Francisco San Román, José Sayago y Domingo Vega. Los colombianos Bernardino Codecido y Antonio Escobar. Los británicos Edward Abbott, William Grove, William Randolph, Thomas Waitt y Jason Waters. Finalmente destaca el italiano Emilio Salvigni.

Todos estos miembros fundadores fueron empresarios ligados a la minería de Atacama, amasaron grandes fortunas y, paralelamente, comenzaron a ejercer influjo en la vida política, social y cultural del país, como ningún otro segmento de la población criolla antes. Fueron regidores, subdelegados, parlamentarios y miembros o fundadores de partidos políticos, protagonistas del quehacer nacional y provincial.

“En el siglo pasado, mientras se extendía el comercio mundial, se intensificaba la competencia. Este proceso integró a los mineros a la política de una forma sin precedentes”.

Esta pequeña oligarquía que surgió fue integrada por inmigrantes, quienes insuflaron nuevos bríos, formándose diversos enclaves de poder en Atacama. Se trata de los Gallo, de origen italiano, los Subercaseaux de origen francés, los Edwards y los Walker de origen británico, entre los europeos. Conocida fue la rivalidad entre los Gallo y los Edwards, que básicamente fue una contienda para ver quien acumulaba mayor poder político y económico.

Toda la actividad industrial, social y cultural alrededor de Copiapó incentivó el surgimiento de otro tipo de industria, de gran desarrollo durante el siglo XIX, como lo fue la prensa escrita. Esta supo reflejar a la comunidad atacameña, transformándose en un espejo por el cual las ciudades de la provincia se miraron a sí mismas. El tercer capítulo desarrolla este tema. Más de ochenta periódicos circularon durante el siglo XIX en ciudades como Copiapó, Vallenar, Freirina, Carrizal y Chañaral. Ellos son prueba indesmentible del gran desarrollo económico, social y cultural que alcanzó Atacama durante aquel siglo.

La prensa a lo largo de la provincia fue de buena calidad. Todas las publicaciones tuvieron un denominador común en su línea editorial: el apoyo a la industria local, la independencia del gobierno central, que a veces se transformaba en franca oposición, cuando algunos órganos oficiales abogaron por una asamblea constituyente para reformar la carta fundamental de 1833.

Casos dignos de destacar son los periódicos “El Copiapino” de Copiapó, por ser el primero en circular en la provincia de Atacama. Su dueño en una primera etapa, fue el insigne escritor costumbrista José Joaquín Vallejo. También sobresale “El Ferro-Carril” de Copiapó, por ser el primero en circular diariamente. Digno de destacar también es “La Aurora del Huasco”, periódico fundado en Vallenar, utilizando la misma prensa con que se había editado “La Aurora de Chile”, el primer periódico del país fundado por Fray Camilo Henríquez. Sus dueños habían traído dicha prensa con el afán de convertirse en el primer periódico de Vallenar, pero se les adelantó en veinte días otra publicación, “El Huasquino”, que es el que quedó en la historia como el primero.

En un lugar destacado de la historia de Atacama ha quedado el diario “El Amigo del País”, el más longevo de todas las publicaciones surgidas de imprentas atacameñas, con más de 88 años de circulación diaria. Sobresale asimismo “El Minero de Freirina”, fundado en la ciudad del mismo nombre, pero continuada en Chañaral en una segunda época. Este sencillo periódico llegó a tener corresponsalías en todas las ciudades importantes de la provincia, como Copiapó, Juan Godoy, Vallenar, Huasco Bajo y Carrizal.

La independencia de la provincia respecto del gobierno de turno quedó reflejado en los periódicos de la provincia. Estos comenzaron a circular hacia el final del gobierno de Manuel Bulnes, quedando patente la oposición de los diarios atacameños durante el gobierno de su sucesor, Manuel Montt. Su decenio tuvo en periódicos como “El Copiapino” y “El Ferro-Carril” muchas reservas, abundante mirada crítica y, con el tiempo, oposición absoluta. Ni hablar cuando aparecieron periódicos fundados por aquellos que abogaban por una asamblea constituyente. Ellos tuvieron en diarios como “El Atacameño” y “El Constituyente” un lugar donde plasmar sus luchas políticas y anhelos regionales.

Como toda provincia, aún hoy, Atacama siempre estuvo lejos de los ojos de la gran capital. Sin embargo, sus riquezas minerales y su creciente presencia en el ámbito político y cultural, produjeron que Atacama se hiciera respetar. Casi siempre los copiapinos fueron contrarios a aquellos gobiernos surgidos entre cuatro paredes. Fueron activos partícipes de las revoluciones de 1859 y 1891. En la revolución de 1851, las opiniones de los atacameños estuvieron más divididas.

“Sobre un basamento étnico y somático muy diferenciado del resto del país, hacia 1859, tanto los habitantes de esta provincia como los magnates de la minería, con los Gallo y los Matta a la cabeza, eran opositores” .

Uno de los momentos más interesantes de esta actitud antigobierno que caracterizó a Atacama, y uno de sus momentos culmines, tuvo lugar en los sucesos de enero de 1859. Su protagonista fue el caudillo Pedro León Gallo, hijo de Candelaria Goyenechea y Miguel Gallo Vergara, dueño de la principal mina de Chañarcillo. En la revolución lucharon codo a codo la mayoría de los empresarios mineros y los obreros que laboraban en sus minas. Todos compartían ese espíritu indomable que caracteriza a los mineros, sin importar en qué extremo de la escala social se encontrasen.

Al recordar el quinto aniversario de la revolución constituyente, el diario “El Constituyente”, que compartía y alentaba la actitud revolucionaria, escribió :

“Nadie ignora que la traición cortó el vuelo a los propósitos de los revolucionarios. Una derrota fue el premio de su abnegación en los campos de Cerro Grande, pero esa derrota, al mismo tiempo que ceñía de inmortales laureles las sienes del vencido, grababa un lema de aprobio sobre la frente del vencedor. El triunfo fue para el ejercito gobiernista pero la gloria de la jornada quedó del lado de las huestes constituyentes”.


3. La minería como enclave cultural.

Los minerales de Atacama comenzaron a ser cotizados desde temprano en la era colonial. Durante el siglo XVII, el cobre era una actividad con costos de producción extremadamente altos. La libra de cobre se compraba a cuatro pesos en la boca de la mina y se vendía a dieciséis pesos en los mercados de Lima. A pesar de algunos esfuerzos de la corona española por subsidiar la producción, la situación no cambió una vez lograda la independencia. Hacia 1820, muy pocos chilenos podían dedicarse a la producción de cobre, pues el oro y la plata acaparaban las preferencias, debido a sus menores costos de producción. Libre el campo para capitales extranjeros, fueron los ingleses los primeros que se interesaron en explotar los yacimientos en Chile. Así, en Londres, varias sociedades anónimas se constituyeron para explotar cobre chileno. Todas eran empresas con grandes capitales nominales.

Los negocios tuvieron distinta suerte a través de los años, pero se sentaron las bases para una explotación cada vez mayor, en donde el interés extranjero no estuvo ausente. Hacia 1830, en su paso por el norte de Chile, Charles Darwin conoció a varios ingleses que se dedicaban a la compraventa de minerales en la ciudad de Copiapó. El aporte principal de estos ingleses fue servir de puente que conectara a Chile con el mercado internacional. Hicieron un gran aporte en la comercialización, el financiamiento y el transporte hacia los mercados de Asia y Europa. Así, Chile llegó a ser el primer productor mundial de cobre hacia 1870, con un promedio de 55 mil toneladas.

Generación tras generación de labores mineras han dejado su huella en Atacama, llegando incluso a cambiar el paisaje, al resultar deforestados los alrededores de ciudades como Copiapó y Vallenar. Dichas ciudades fueron despojadas de algarrobos y pimientos a fin de alimentar los hornos y las fundiciones que proliferaron. Sus descendientes siguen hurgando los cerros en busca de una veta que les dé tranquilidad económica . El cobre, una vez agotadas las vetas de oro y plata, fue calificado por Vicuña Mackenna como “la base perdurable en que descansa esta nación improvisada”.

Base que lamentablemente no se ha sabido respetar como patrimonio. Todas las faenas mineras del siglo XIX desaparecieron, sin que sobreviva hoy más que unos cuantos muros de adobe y piedra, y un par de cementerios destruidos por el pillaje. Lugares como Chañarcillo y el pueblo de Juan Godoy, Tres Puntas y Chimberos, Puquios, Carrera Pinto, además de las estaciones de ferrocarriles que prosperaron en aquellos años.

Invisible es la vida de esos pueblos y campamentos mineros que nacieron, se desarrollaron, murieron y desaparecieron para siempre. Invisible es la vida de aquellos hombres y mujeres que les dieron razón de ser, que construyeron riquezas para otros. Invisible es aquel pasado en las principales ciudades de Atacama. El legado y patrimonio de aquellos que hicieron de la minería su oficio durante siglos anteriores, no existe más que en un puñado de ejemplos arquitectónicos. Y el resto del país poco y nada sabe de esta cultura nacida en las bocaminas que ayudó a consolidar una república recién establecida, que ayudaron a formar la industria agrícola y a consolidar fortunas.

Es curioso constatar que más perdurable en la memoria han resultado la industria del salitre, el carbón y la agricultura en nuestro país. Pero pocos conocen la que fue la primera industria netamente nacional, aquella que financió guerras, revoluciones y desarrolló la zona central, la que pagó la deuda externa luego de las batallas por la independencia, la que hizo surgir la primera aristocracia criolla y los primeros obreros con conciencia de pertenecer a una estirpe nueva, la que pudo financiar la explotación de guaneras y calicheras en los nuevos territorios de más al norte, una vez que había nacido el operario minero como actor social y luego de haber adquirido suficiente experiencia en minería extractiva y en su administración.

Es natural entonces, hacerse algunas preguntas al tratar el tema de la minería de Atacama: ¿Dónde está la cultura minera, la cultura de la extracción de metales? Nuestro pasado y presente, donde los metales han sido la fuente principal de riqueza y trabajo, ¿dónde está? Más de ciento cincuenta años de historia minera republicana, ¿cómo y porqué se han vuelto invisibles a los ojos de los centros de irradiación cultural de nuestro país?

La respuesta a esas inquietudes está en la raíz de su naturaleza. Desde el comienzo, la minería fue un negocio inserto en una especie de libre mercado. Cualquiera que descubriese una veta la inscribía como propia y la explotaba para su beneficio. El único medio para hacer fortunas privadas en el Chile de los siglos XVIII y XIX debía mantenerse lo más secreta posible. Los afortunados dueños de alguna mina debían ser cuidadosos con los datos que entregaban sobre sus pertenencias, por temor a ser despojados y por los precios que tendrían que pagar por diversos servicios asociados. Fueron muchos los cateadores que murieron para ser despojados de su riqueza recién descubierta. Abundaban aquellos especuladores inescrupulosos con los oídos atentos a cualquiera que hablara de más sobre algún descubrimiento rico en minerales. En la minería, como en ningún otro oficio, se da eso de que “nadie sabe para quien trabaja”.

Por su parte, muchos de los que trabajaban dichas minas llegaron de lugares distantes, algunos a construir y fundar placillas mineras donde antes no había nada. Placillas mineras con casas indignas para un ser humano, con calles malolientes y un ambiente insalubre. Trabajar en medio de la nada en el desierto de Atacama produjo un tipo social de características rudas, reservado, desconfiado, autosuficiente y arrogante, por la necesidad de sobrevivir en un ambiente poco amigable para el asentamiento humano. Nació entonces, tanto en los empresarios como en los obreros, aquella cultura de frontera, donde prima la ley del más fuerte. Curioso. Lo que quisieron los empresarios que se mantuviera en secreto, que no se divulgara su forma de vida, se constituyó, con el tiempo, precisamente en la primera manifestación de cultura criolla de la naciente república de Chile. Qué paradoja.

La minería ha pertenecido y pertenece sólo a los que la han vivido. No sale a la luz pública, no llega al centro del país. A las grandes urbes como Valparaíso y Santiago sólo llegaron las fortunas, una vez que se obtenían enormes ganancias que eran reinvertidas en grandes haciendas. Jamás llegó el bagaje cultural minero. Esta permanece guardada detrás de las puertas y ventanas de pino oregón de las casas de Copiapó, Vallenar, Caldera y Freirina, como un secreto que nadie permite que emerja.

Muchas faenas están a varios metros sobre el nivel del mar, alejado de las ciudades principales. Dicho factor acentúa la lejanía de esa realidad con la que se vive en el resto del territorio. El minero fue y es algo así como un fantasma, que va y que viene, de faena en faena, sin arraigarse. Su relación con las ciudades que ayudaron a edificar es más bien utilitaria y nunca sintió que le pertenecieron. Esto sigue ocurriendo en ciudades como Calama y Copiapó. Los calameños y copiapinos de pura cepa son minoría en sus respectivas ciudades. La mayoría son foráneos atraídos por las oportunidades económicas que ofrece la gran minería del cobre. Una vez que se han “servido” de ella, la abandonan e inician una nueva vida en otra parte.

Por eso no está la minería en el imaginario colectivo de nuestro país. Como la minería es prácticamente desconocida en el centro y sur del país, la cultura agrícola tomó su lugar como referente cultural chileno. En el extranjero, sin embargo, una de las pocas situaciones que nos hacen conocidos mundialmente, es precisamente nuestra condición de país minero. El desierto de Atacama nos pone en el mapa mundial gracias a que es conocido como el desierto más árido del mundo. Sin embargo, no forma parte del acervo cultural de los chilenos.

El salitre tampoco está libre de este designio. Sólo un reciente resurgimiento (propiciado por los mismos pampinos) ha logrado que salga a la superficie mucho del legado de la cultura salitrera. Pero eso sólo sucedió una vez que se acabó y nació la nostalgia por el salitre perdido. La minería del cobre aún subsiste en pequeña, mediana y gran escala a lo largo de las cuatro regiones nortinas, razón por la cual su cultura no puede emerger. El salitre es ahora parte de nuestra memoria colectiva sólo en un sentido histórico. Nunca lo fue cuando estaban en plena producción las diversas oficinas del norte grande.

Cuando a un chileno se le pregunta por las cosas típicamente chilenas, saltan a la memoria la cueca, el vino, las empanadas, el rodeo y otros clichés similares. Ningún chileno estaría dispuesto a considerar al minero y no al huaso como el personaje típicamente chileno. Y es que el chileno nada sabe sobre los mineros que vivieron una dura vida en las minas del norte, ni sobre la plata del legendario Chañarcillo, ni sobre las familias que amasaron grandes fortunas en Copiapó.

Muy por el contrario, las políticas de estado, desde hace 30 años, no van en beneficio de esta actividad que sigue rindiendo frutos, sino más bien a la destrucción del minero a pequeña escala, al pirquinero, a favor de la gran y mediana minería. A tal punto, que ya no existe una minería chilena. Toda la minería en Chile es de capitales extranjeros, salvo honrosas excepciones, entre ellas, CODELCO.

La principal consecuencia del ingreso de capital extranjero a la industria cuprífera ha sido el aislamiento cultural que sufre la minería chilena en la actualidad. Durante el siglo XIX, los capitales extranjeros no fueron factor de división sino que llegaron para adaptarse al modelo chileno. Los obreros extranjeros vivieron igual como los obreros chilenos. Los empresarios extranjeros vivieron igual como lo hicieron los empresarios chilenos. En la minería de Atacama todos vivieron en la misma placilla, no produciéndose una separación social más allá de lo normal entre obreros y empresarios. La casa de un obrero podía perfectamente ubicarse al lado de la del administrador o la del dueño. Ni en las placillas ni en las ciudades hubo jamás barrios separados por clase social. La forma de extracción por vetas hacía la minería una actividad económica bastante democrática. Cualquiera podría descubrir una veta, cualquiera la podía inscribir, cualquiera la podía explotar. La minería era casi una actividad del azar más que una empresa que requiriera de administración. Un día se era inmensamente pobre y al siguiente, inmensamente rico, gracias a algún descubrimiento. Los mineros vivían de acuerdo a los vaivenes del azar.

A principios del siglo XX, grandes empresas norteamericanas fundaron sucesivas empresas mineras, luego de años de hacer exploraciones y sondajes. Una nueva manera de extraer metales se había instaurado en el mundo y Chile no podía quedar ajeno a ello. Un yacimiento ya no se explotaría dividido en barras ni se extraía siguiendo la veta. Ahora los yacimientos eran tratados como una unidad indivisible y la empresa se hacía dueña de todo el yacimiento. Minerales como Chuquicamata, Potrerillos, Salvador y El Teniente, inauguran en Chile esta forma extractiva. Los campamentos mineros adyacentes a estos minerales se transformaron en verdaderos enclaves, que decían relación más con un modelo norteamericano para establecer campamentos mineros que con un modelo chileno. En los campamentos mineros construidos por ingleses y norteamericanos, se buscaba evitar a toda costa tocarse con lo chileno.

Hubo en dichas faenas y campamentos una evidente separación entre el estamento obrero y el elemento extranjero, que se verificó en la ubicación, tamaño y calidad de sus hogares, en los clubes que frecuentaban. El gringo era pagado en oro, los obreros en pesos (en el caso del salitre y algunas mineras de cobre, en fichas canjeables por mercadería). Por otro lado, los obreros del cobre ganaban (y siguen ganando) más que cualquier otro obrero en el país y eso también lleva al aislamiento de la realidad nacional, a los ojos del resto de los chilenos. Los mineros, sin quererlo, se han transformado en un enclave cultural aislado y ajeno a la realidad nacional (aún siendo tanto o más chilenos que el mismo huaso centrino).

De ahí el gran desconocimiento, su exclusión de la conciencia colectiva nacional y su falta de socialización en los centros de irradiación cultural del país. Tanto chilenos como extranjeros han aportado para que la cultura agrícola prevalezca por sobre la minera. Esa es la paradoja sin solución, que ha envuelto a la minería y a su cultura subyacente en un halo de misterio y aislamiento, hasta el punto de hacerla prácticamente desconocida en nuestro país.

El salitre durante años recientes ha hecho mucho por superar dicha paradoja y dichas barreras, gracias a una suerte de reminiscencia por el pasado y al interés de un grupo de pampinos por valorarse frente al país. Si visitamos la ciudad de Iquique, el ambiente que se respira denota la presencia y el rescate de todo lo relacionado con la historia salitrera. En sus casas restauradas, en el rescate del patrimonio fotográfico, incluso en la literatura. Escritores contemporáneos como Hernán Rivera Letelier, han logrado hacer más por la cultura pampina que lo que pudieran haber hecho los mejores escritores del siglo XIX, como Alberto Blest Gana y su obra “Martín Fierro”, Antonio Acevedo Hernández y su obra “Chañarcillo”, o cualquier otro escritor que haya situado su obra en el mundo de la minería de los metales.

Lo anteriormente expuesto constituye una paradoja que no está en nuestras manos intentar resolver. Sólo podemos constatar que existe. Los sucesivos capítulos del presente estudio pretenden establecer el justo lugar que debe tener la minería de metales en el desarrollo de nuestro país y dejar constancia de la cultura que surgió de dichas riquezas minerales. El minero decimonónico fue el primer personaje netamente criollo, completamente chileno que nació luego de lograda la independencia y nacer la república de Chile. Si hay un personaje que debe retratarnos como nación, ese debiera ser el minero atacameño, no el huaso centrino. Si hay un traje típico, ese debiera incluir culero y capacho, no chamantos ni espuelas. En vez de un azadón, un barreno. En vez de un caballo de cepa andaluza, un burro atacameño. En vez de un arado, una “pata de cabra”.

Cada uno de los temas esbozados en la presente introducción será tratado en los sucesivos capítulos de este estudio, que intentará mostrarnos el carácter del minero atacameño y la cultura de una comunidad que se formó gracias a sus riquezas subsoleanas. Una cultura igualmente subsoleana que es fruto de su trabajo, del producto de dicho trabajo y del pensamiento que reside detrás de dicho trabajo y dicho producto. Ahí habita el carácter único de un pueblo: en su cultura. Y en los productos que son fruto de dicha cultura.

Tributo a Ambrosio Rabanales

TRIBUTO A AMBROSIO RABANALES.
¿QUÉ ES HABLAR CORRECTAMENTE?
(A propósito de los libros : "Usted no lo Diga ")

Publicado en la Revista de Educación Nº 119 (Agosto de 1984).
Es un artículo del Doctor (En lingüística) Ambrosio
Rabanales, Ex Miembro de la Academia Chilena de la Lengua.


1. El Doctor Ambrosio Rabanales se define como persona dedicada a estudiar el español y -particularmente- el que se habla en Chile.
2. En ese carácter da a conocer las observaciones que le ha sugerido la lectura del primer tomo de la conocida obra del Profesor Mario Banderas "Usted No Lo Diga ".
3. En sus observaciones, el Doctor Rabanales expresa que, como lo sostuvo Don Manuel Seco, el gramático puede ORIENTAR y ENCAUZAR la decisión lingüística de la muchedumbre, pero NUNCA debe FORZARLA.
4. Al imperativo ¡¡"No Lo Diga"!!, se debe responder con una pregunta: ¿No Lo Diga ?.

PRESENTACIÓN.

6. Como persona dedicada durante muchos años a estudiar el español en general y -muy particularmente- el que se habla en Chile, no podía dejar de conocer la obra que, con el título de "Usted no lo Diga", está publicando el Profesor Mario Banderas. Después de una muy paciente lectura del primer tomo, en su segunda edición (1984), me ha parecido de interés -por la influencia que pudiere tener, gracias a la tremenda publicidad de que está siendo objeto- dar a conocer algunas de las principales observaciones que me ha sugerido tal lectura.

7. El tomo al que me refiero consta de 39 artículos, en que se analizan críticamente, aspectos relacionados con nuestra pronunciación, ortografía, morfología y sintaxis y -sobre todo- con el uso que hacemos del vocabulario.

OBSERVACIONES DE CARÁCTER GENERAL. CRITERIOS DE CORRECCIÓN.

8. En todos los casos, el autor dice basarse en la autoridad que la Real Academia Española de la Lengua (En adelante RAE) manifiesta; tanto en su Diccionario de la Lengua Española (supongo que en su edición de 1970), incluidas "enmiendas y ediciones posteriores"; como en su gramática. Aunque, el Profesor Banderas no nos aclara si se trata de la Gramática de la Lengua Española (1931) o del Esbozo para una Nueva Gramática de la Lengua Española (1973).

9. De este modo, es "correcto" -según el Prof. Banderas- todo lo que la RAE acepta en estas obras, e "incorrecto" todo lo que censura o que, simplemente, no se encuentra en los libros señalados.

10. O bien, y más tajantemente, si tales o cuales formas usadas por los chilenos, no se avienen con lo que se indica en aquellas obras; decreta que "NO EXISTEN" y que -en consecuencia- no se deben emplear; aun cuando muchas de ellas -según sus propias palabras- "son empleadas habitualmente, hasta por eminentes profesionales e incluso, en más de una oportunidad, las hemos visto escritas en diarios, revistas y libros ".

11. Entre las formas que "no existen" por su pronunciación, están, por ejemplo: Toperoles, refalarse, pachotada, etc.; Por su ortografía: carnet, etc.; Por su morfología: agreden, doldrá, pone (tú), etc.; Por su sintaxis: televisor a color, la ministro, etc.; Y como unidades léxicas: vestón, cancerólogo, chaleca, etc.

12. Es claro que, con ese criterio y limitándonos sólo al léxico; tampoco existen tecnocracia, tecnocrático, rol, instrumentalizar, hiperkinético, freudiano, etc.

13. Y aún más, en los ambientes universitarios se usan sin ningún pudor lingüístico: Pregrado, postgrado, magister, parvulario y parvularia, etc. A pesar de que, según el Sr. Banderas " no existen ".

14. Y sin necesidad de encumbrarnos tanto, también pueden citarse términos de uso diario, totalmente arraigados en Chile, que están en la misma situación que describe el Sr. Banderas (Que no existen): Alcuza, cacho, lavatorio, ampolleta. Como no existen, según el mencionado autor, deberíamos usar las que sí existen en el diccionario: Angarillas, cubilete, lavabo y bombilla, respectivamente.

ERRORES DE EL CRITERIO DE CORRECCIÓN QUE PROPONE EL SR. MARIO BANDERAS.

15. Obviamente, hay graves errores en los fundamentos mismos del criterio de corrección idiomática de este autor. Alguno de ellos, al menos, de lógica elemental: ¿Cómo puede NO existir algo que se usa cotidianamente?. ¿Cómo puede ser "incorrecta" una forma que No existe?.

16. Si, en cambio, su intención fue decir que las formas que él critica "no existen en el idioma castellano" (como efectivamente lo expresa, a veces) y ello, "porque no están consignadas en el diccionario mayor de la RAE, ni en sus gramáticas y que -por eso mismo- son incorrectas"; deberíamos concluir necesariamente que ninguno de los 300 millones de hispanohablantes nativos que se dice que hay en la actualidad, se expresa correctamente en castellano. Considerando en dicho número -por supuesto- a los señores académicos y a mi mismo que, de atenerme a su manera de pensar, no habrá podido escribir el presente artículo, por cuanto, muchas de las expresiones que aquí se emplean, según el Sr. Banderas , simplemente " no existen ".

17. La verdad es que es absolutamente imposible hablar o escribir en Chile -y en cualquier otra parte del mundo hispánico, incluyendo la propia España-sin emplear términos no registrados (en su totalidad o en su significado) en el diccionario académico español.

18. Tanto es así que, hasta el propio Sr. Banderas es incapaz de hacerlo; pues, en su libro que comentamos, pueden leerse también términos "inexistentes en castellano" o "incorrectos", según su mismo criterio, como: “anteproyecto”, (acento) “diurético”, "entrecomillas" en alternancia con el "correcto" entre comillas; "feria" que, en ninguna de las acepciones que trae aquel diccionario, corresponde exactamente a la que tiene en "Feria Chilena del Libro" (que aparece en su libro); incentivar" (en un texto de la "Fundación Nacional de la Cultura"(!), que aparece en la cubierta posterior) y "video" (en una propaganda de la firma Olivetti). El uso de las tres últimas expresiones compromete, tanto al autor mencionado, como a tres patrocinadores de esta publicación; quienes, para ser consecuentes con su patrocinado, tendrían que prescindir de ellas.

19. La enorme cantidad de diccionarios, glosarios y estudios gramaticales, de carácter regional; tanto del español de la península, como de los distintos países de Hispanoamérica y otras ex colonias en Asia y África, además de las continuas propuestas idiomáticas de las academias asociadas a la de Madrid y las que "motu proprio" considera esta misma entidad; avalan nuestra conclusión y hacen -sin duda- insuficientes los veinte y tantos tomos (más bien opúsculos) programados de la colección, cuyo primer número estamos comentando.

20. Como esto -naturalmente- no puede ser así, simplemente porque no podemos estar todos equivocados. ¿Cuál es, entonces, el error fundamental en que se sustenta nuestro autor?. En mi opinión, no es uno; sino, a lo menos, dos:

21. Identificar la lengua española de hoy, con el diccionario mayor de la corporación (que ya tiene 14 años) y con su gramática (que ya cumplió 53, u 11, si se trata del Esbozo).

22. Es INADECUADO creer y hacer creer que tales guías son la absoluta e infalible receta del "buen decir" y que -por lo tanto- hay que someterse a ellas, como si se tratara del Decálogo de Moisés o del Código de Hamurabi. Porque...

LAS OBRAS ACADÉMICAS NO AGOTAN LA LENGUA ESPAÑOLA.

23. Veamos. El Diccionario Mayor de la RAE no refleja el estado actual de la lengua española, por -a lo menos- dos razones :

1 ) Incluye términos obsoletos o de muy poco uso y...

2 ) No incluye términos de uso habitual. En la misma obra puede leerse que: "la abreviatura ant. (anticuada) indica que la voz o la acepción (que la lleva) pertenece exclusivamente al vocabulario de la Edad Media". O bien "que, aunque usada hasta el siglo XVII, ha sido desechada en el lenguaje moderno". Y que -por otro lado- "la abreviatura desus. (desusada) se pone a las voces y acepciones que se emplearon en la Edad Moderna, pero que hoy no se emplean ya".

24. También aquí se indica que se excluyen los diminutivos, aumentativos y superlativos de formación regular, "salvo el caso en que tengan acepción especial que merezca ser notada". Lo mismo ocurre con los adverbios en "mente" y voces despectivas "de formación fácil y a menudo, ocasional". Y se hace a continuación una afirmación lapidaria, que desmorona la base de sustentación de la preceptiva del señor Banderas: "Su ausencia en el Diccionario no significa, por sí sola, que (tales términos y acepciones) no existan en el uso o sean incorrectos". O sea, en el propio Diccionario de la RAE que el profesor Banderas cita como la fuente de sabiduría inobjetable, se dice que el hecho de que no aparezcan en el diccionario NO SIGNIFICA QUE NO EXISTAN o QUE SU USO SEA INCORRECTO.

25. Como esto es aplicable a cualquier expresión y no sólo a las aludidas, me parece oportuno recordar lo que Bello, en su gramática magistral, nos aclara: "No se crea que recomendando la conservación del castellano, sea mi ánimo tachar de vicioso y espurio todo lo que es peculiar de los americanos. Hay locuciones castizas que en la península, pasan hoy por antiguadas y que subsisten tradicionalmente en Latinoamérica (arcaísmos como pollera, fierro, pararse, ponerse de pie, etc.). ¿Por qué razón hemos de preferir la que caprichosamente haya prevalecido en Castilla?. Si de raíces castellanas hemos formado vocablos nuevos, según los procederes ordinarios de derivación que el castellano reconoce y de que se ha servido y se sirve continuamente para aumentar su caudal, ¿Qué motivos hay para que nos avergoncemos de usarlos?. Chile y Venezuela (sus dos patrias) tienen tanto derecho como Aragón y Andalucía para que se toleren sus accidentales divergencias, cuando las patrocina la costumbre uniforme y auténtica de la gente educada ("instruida") ".

26. Así pues, mientras Bello, con su natural sabiduría, estimula la creación lingüística conforme al "genio de la lengua"; mediante la cual ésta se enriquece, el profesor Banderas inhibe a los hablantes que se atreven a decir "vestón", "chaleca", "cancerólogo", "agreden" y quizás cuantas formas más por el estilo, estigmatizadas en los tomos que no he leído, contribuyendo de este modo -por lo menos en ciertos casos- a su empobrecimiento.

27. La diferencia radica entre concebir la lengua -toda lengua- como una realidad dinámica, en equilibrio inestable, donde tienen cabida la creación y la evolución; o como una realidad estática, anquilosada, (MOMIFICADA) archivada en el diccionario y en las gramáticas de la Academia, según un "purismo supersticioso", para el cual toda innovación o cambio, es tildado de "corrupción" o "incorrección". Felizmente, el destino de las lenguas nunca ha dependido de los puristas, verdaderos puritanos en materia lingüística.

28. "De haber sido purista -declaró una vez, Gabriela- jamás entendiese en Chile ni en doce países criollos la "conversaduría (sic) de un peón de riego, de un vendedor, de un marinero y de cien oficios más ". Y hasta, aseguró, que su Premio Nóbel "es triunfo de la lengua criolla de América ".

29. Es un hecho indiscutible que una lengua que está cambiando permanentemente, por la inmensa cantidad y heterogeneidad, geográfica, histórica, social y cultural, de sus hablantes, no puede encerrársela enteramente en un diccionario o en una gramática, por muy voluminosos que sean y por muy buena voluntad que se tenga. Se ha afirmado - con razón - que, desde el momento mismo en que ven la luz estas obras, ya están anticuadas. De aquí las numerosas enmiendas y correcciones que la propia RAE les hace, de una edición a otra.

30. Tratando de ser consecuente con el principio rector del señor Banderas, me pregunto: Dado lo que ocurre con las obras académicas mencionadas y ante una expresión o una estructura gramatical no registrada en ellas, ¿Tendremos que esperar, cada vez, hasta la nueva edición de las mismas, para emplearlas con la frente en alto y no cabizbajos, como quien comete un pecado o un delito?.

31. De hacerse esto así, la RAE nunca las tomaría en cuenta, por la simple razón de que no se usan (Y no se usan, repetimos, porque no están incluidas: hermoso círculo vicioso); con lo cual llegamos a un esclerosamiento de la lengua, precursor de su muerte.

32. Por fortuna, fuera de los puristas -que por lo demás, predican pero no practican-, la gran mayoría se limita a usar su lengua según se acostumbra en el o los ambientes en que le toca vivir o en los impresos que le toca leer. Por esto, más que las obras académicas nombradas -que muy poca gente conoce directamente- sirven de MODELOS LINGÜÍSTICOS; los textos orales o con que nos bombar-dean todos los días -y parte de la noche- los medios de comunicación para las masas: El diario, las revistas, las radios y muy particularmente, la televisión. De aquí su enorme responsabilidad en los destinos de nuestra lengua; responsabilidad compartida con los establecimientos que FORMAN a los que hablan y escriben en tales medios de comunicación. También las obras literarias -cuya difusión se está haciendo ahora masiva con la loable costumbre de obsequiarlas por parte de alguna empresa periodística, al adquirirse alguna revista o diario- y los textos científicos y filosóficos, siguen siendo modelo, particularmente, para los que tienen el privilegio -o lo tuvieron- de ingresar a la educación secundaria y muy especialmente, a la universitaria.

33. La RAE, como Bello, se basa para sus declaraciones en el USO que de la lengua hace -sobre todo- la gente culta. Como se ve, es esta corporación la que se apoya en el uso, y no éste en aquella.

34. De aquí que las formas recomendadas por las academias asociadas para su inclusión en el diccionario o en la gramática, lo son porque se usan; para que se deje constancia de ello y para que el interesado que no las conozca, las entienda cuando las oiga o las lea. Y no para que las use necesariamente. La RAE pues, (como las demás academias) va a la zaga del uso, registrándolo y no a la vanguardia, determinándolo.

35. Recapitulando entonces, lo que hemos dicho con respecto al primer error fundamental de nuestro autor, NO es posible identificar la lengua con el Diccionario y la Gramática de la Real Corporación, sin manifestar un serio desconocimiento de la tremenda complejidad de nuestra lengua, en perpetua "ebullición", como atinadamente escribió un colega. No estoy diciendo que una cosa no tenga que ver con la otra. Sólo estoy afirmando que no se identifican, que no son "completamente iguales", que la lengua, con mucho, trasciende las obras académicas.

LAS OBRAS ACADÉMICAS NO SON GUÍAS INFALIBLES DEL BIEN DECIR.

36. En cuanto al segundo error, conviene tener presente lo que la misma RAE dice en su "advertencia" en el Esbozo, bosquejo de lo que será la nueva edición de su gramática de la lengua española: "Por su carácter(...) de simple proyecto, el presente ESBOZO carece de toda validez normativa". Lo que opina -a propósito de esta advertencia- el académico Don Manuel Seco, es lo siguiente: "En realidad, la advertencia que lleva este libro -El Esbozo- deberían llevarla siempre, todas las futuras gramáticas de la Academia. Porque esta publicación no debe ser el fuero juzgo (Un famoso código de romanos y visigodos) de la lengua; sino sólo un registro objetivo de las estructuras de la misma, con una primordial finalidad informativa y no prescriptiva ".

37. En cuanto al Diccionario Mayor, en su "Preámbulo" se lee que -además de expresiones del lenguaje culto del mundo hispánico- "se ha dado acogida a palabras, locuciones y frases pertenecientes al lenguaje familiar (como "cabra" por "muchacha", "milico" por "militar", "pilucho" por "desnudo", "guata" por "barriga", etc. del habla chilena); sin excluir muchas de carácter popular que -a veces- lindan con lo francamente "vulgar". Según esto, puede decirse que: O bien, NO todo lo que contiene este diccionario es considerado "correcto" por la Academia de la Lengua y entonces esta obra no es buena guía para "hablar y escribir correctamente"; o bien, ella ha sancionado como correctas -al incorporarlas- "muchas palabras, locuciones y frases de carácter que a veces lindan con lo francamente "vulgar". Entonces, prácticamente todo es "correcto", incluyendo voces de la germania, además de la jerga o manera de hablar de ladrones y rufianes, progenitora del coa chileno, entre otras criminolalias.

38. Lo que ocurre, en mi opinión, es que tanto el diccionario como la gramática de la Real Corporación, están dejando de ser obras estrictamente preceptivas o selectivas, "un panteón sagrado y consagrado al culto del bien decir", según Menéndez Pidal, y se está transformando cada vez más, en obra descriptiva del uso que se hace, incluso popular o vulgar, de la lengua española.

39. En suma, entonces, si las obras académicas en que -según su propia confesión- se basa ciegamente el señor Banderas, no son guías seguras del bien decir; tampoco lo son -lógicamente- los veinte y tantos tomos de su publicitada colección.

EL ESTILO ACADÉMICO Y EL ESTILO DEL SEÑOR BANDERAS.

40. La nueva actitud académica se advierte también, en el estilo cauteloso, mesurado, relativista y nada dogmático, que tiene el Esbozo; en contraste total, casi siempre, con el estilo del Profesor Banderas. Comparemos: La RAE dice "suelen escribirse con mayúscula", "se recomienda escribir con minúscula inicial.."; "con frecuencia para formar el correspondiente nombre feménico de mujer o hembra, la terminación 'a' sustituye a la terminación 'e' del nombre masculino, como en comediante ('a'); presidente ('a'), etc. Es decir, la RAE muestra la manera como procede, generalmente, el hablante y NO como SE DEBE proceder; Describe lo que se hace, para GUIAR al que no lo sabe y NO ORDENA como se debe hacer.

41. Por su parte, el señor Banderas escribe: "se emplea mal la palabra "entrecomilla" ("¿error del autor por: "entrecomillada" o " entrecomillas?"); "la palabra" concreticemos es un barbarismo (¿una barbaridad?) porque el verbo concretizar NO EXISTE"; Dice -además- "está muy mal dicha la expresión "craso error"; "La Real Academia ordena el femenino para los sustantivos ministra y presidenta" Con lo cual el mencionado profesor le atribuye a la Corporación, una actitud dictatorial que, como hemos visto, no tiene.

42. Siempre he pensado que la subordinación incondicional de algunos hispanoamericanos, a todo lo que se dice en las obras de la RAE -basada, sobre todo y como es lógico, en la experiencia lingüística peninsular- manifiesta, fuera de la carencia de un conocimiento en profundidad de lo que es una lengua, un claro sentimiento de inferioridad. Es como si atávicamente, todavía sintieran que tienen una lengua prestada que nos llegó durante la Conquista y la Colonia. Y no una lengua -aunque española- creada en gran parte por nosotros y -por lo mismo- producto, en gran medida, de nuestra idiosincracia. ¡¡Qué distinta es esta actitud, comparada con la que se cuenta de Don Miguel de Unamuno!!. Dicen que, al final de una conferencia, un joven estudiante -después de todo, estudiante aún- se le acercó y le dijo, muy extrañado que unas cuantas palabras que el maestro había empleado, no estaban en el diccionario de la Real Academia. A lo cual, el maestro respondió paternalmente: "no te preocupes hijo, ya las pondrán, ya las pondrán".

43. Qué distinta también es la actitud de Bello, cuando nos declara en el "Prólogo" de su famosa gramática magistral: "No he querido (...) apoyarme en autoridades, porque, para mí, la solo irrecusable en lo tocante a una lengua, es la lengua misma".

EL DICCIONARIO ACADÉMICO CHILENO.

44. A mayor abundamiento, agreguemos que tampoco el diccionario del habla chilena, publicado por nuestra Academia Chilena de la Lengua, tiene carácter preceptivo, según se infiere de lo que se dice en el "Prólogo", escrito por nuestro erudito maestro Rodolfo Oroz: "Hemos acogido numerosas voces que tienen mucha circulación en Chile, tanto en el habla formal como en la lengua familiar, popular e incluso, vulgar que -hasta el momento (1978)- no han sido admitidas por la docta Corporación española y quizás, en muchos casos, no tendrán nunca la oportunidad de ser tomadas en consideración". Repárese en el cauteloso "quizás". Salta a la vista, pues, la concordancia de criterio con el que se desprende de la cita que hicimos más arriba de un segmento del "Preámbulo" del diccionario académico español.

LAS CATEGORÍAS "CORRECTO" - "INCORRECTO", FRENTE A OTRAS CATEGORÍAS.

45. Es que -como observan muy bien Santamaría y Cuartas- "Las fronteras entre lo correcto e incorrecto de una lengua, en una época dada, no pueden señalarse con precisión. Palabras tenidas por bárbaras o culteranas, en nuestro Siglo de Oro; así como frases -entonces conceptuosas- figuran hoy en nuestro idioma como corrientes y correctas".

46. Y, seguro, que muchas de las voces y locuciones tildadas en nuestros días, de "viciosas" e incorrectas; pasarán, tal vez con el tiempo, a formar parte del acervo idiomático (Hay que observar que la actitud cautelosa está expresada con "tal vez"). Recuérdese que Juan de Valdés (s.XVI), autor de un sabroso Diálogo de la Lengua, cuando en una ocasión, les declaró a sus contertulios que tenía la intención de usar ciertos términos tomados del italiano; uno de ellos, de acuerdo con más de uno de sus contemporáneos, le manifestó su disconformidad porque -según dijo- "se me hacen durillos" (Es decir, difíciles de tragar); nada más que por tratarse de formas nuevas, de neologismos. Estas expresiones eran -entre otras- las siguientes: "facilitar", "entretener", "discurso", "manejar", "novela", "cómodo", "incómodo", "comodidad", "pedante" y "asesinar". O sea, términos que en la actualidad, para nosotros son absolutamente cotidianos y adecuados.

47. Por otra parte, nótese que la palabra "viuda" (del latín "vidua"), como la palabra "palabra" (del latín "parábola"), son el resultado de metátesis (transposiciones), tan "vulgares" (como diría el Sr. Banderas) como las que han dado origen a pachotada y pachotero (de "patochada" y "patochero", respectivamente). Términos que son considerados "correctos" por el Sr. Banderas; contradiciéndose en el segundo caso; pues, patochero NO existe en el diccionario de la RAE. Pachotada es calificado por el Diccionario Académico Chileno como "familiar", lo cual, por supuesto, NO quiere decir "incorrecto".

48. Me parece, en definitiva, que el gran rechazo de que son objeto -sobre todo, de parte de los lingüistas- aquellos que se erigen en censores puristas del lenguaje; está en que se empeñan en aplicar a su uso, las categorías de "correcto" e "incorrecto", considerándolas en forma absoluta y no relativa y funcional.

49. Es sabido que una persona se comporta correctamente cuando lo hace obedeciendo a normas pre-establecidas; e incorrectamente, cuando actúa contraviniéndolas. Ahora bien, todo hablante -hasta el más iletrado- se expresa de acuerdo con determinadas normas que -en conjunto- constituyen su mayor o menor grado de competencia lingüística y de competencia comunicativa; pero, sólo lo hace "correctamente" cuando utiliza en una determinada situación, la norma exigida socialmente para ella. Decir, por ejemplo, "Oye, ¿Tení una luca que me prestí?". No es intrínsecamente incorrecto. Sólo lo es cuando ello ocurre fuera de una situación de familiaridad y confianza.

50. Pues bien, para operar con estos postulados, si creemos sinceramente que tenemos la competencia suficiente para guiar a nuestro prójimo en el manejo de su idioma, es conveniente que lo hagamos con la ayuda de otras categorías, como las de "culto" e "inculto", "formal" e "informal", "genuino" y "falso", "necesario" e "innecesario", "exacto" e "inexacto". Señalándole lo que ocurre en cada caso, la oportunidad e inoportunidad de tal o cual uso, su ventaja o desventaja, etc.

CULTO E INCULTO.

51. Así, analizando algunos ejemplos del profesor Banderas, con estas nuevas categorías y otras que daré por mi cuenta, "andé" (a imitación de "canté"), "andara" (como "cantara"), etc. Se consideran formas incultas, frente a "anduve", "anduviera", etc. Que se estiman cultas; No obstante que el famoso escritor y académico de la lengua, Don Camilo José Cela haya usado "andara". Lo mismo, hoy día, "doldrá", "doldría", frente a los cultos "dolerá", "dolería" (de doler), a pesar de que se diga "correctamente", "saldrá", "saldría", etc. Contra la opinión de Juan de Valdés que, con más sentimiento idiomático, "preferiría", "salirá", "saliría", etc. "Porque viene de salir". Así son de convencionales las normas.

FORMAL E INFORMAL.

52. Por otra parte, expresiones como "pone" (la mesa), "sale" (al patio), "hace" (las tareas), que han sobrevivido a 150 años de censura; son informales (o familiares ), comparadas con "pon", "sal" y "haz", respectivamente. Más aún, "plata", "lindo" y "tragar", son informales frente a "dinero", "bello" y "deglutir", que son formales.

GENUINO Y FALSO.

53. En cambio, de voces como "carnet" y "box", puede decirse con propiedad que -usadas como hispánicas- son estructuralmente falsas y ajenas a la índole de nuestra lengua. Frente a las genuinas: "carné" y "boxeo", por cuanto no responden a la estructura fonológica del español, en donde no se da ni "t", ni "x" (ks) al final de una palabra que no sea sigla, onomatopeya o interjección. En el mismo caso están -desde el punto de vista morfológico- (entre muchas otras), "dirigente" y "sirviente"; o "médico", "arquitecto", "sicólogo", "magistrado", "ingeniero" y "carabinero "; cuando con ellas se alude a una mujer; pues, todas admiten "a" final para el femenino (a pesar de que dirigenta, sicóloga y magistrada no aparezcan todavía en el diccionario de la RAE y a pesar también que carabinero, en esta obra, no tenga exactamente la acepción nuestra y de que "carabinera", signifique allí, sólo "alondra moñuda").

54. Usar los nombres en "e" y en "o", como masculino y femenino (el, la estudiante; la sargento) es -como dice acertadamente esta vez el profesor Banderas- (a propósito de presidente y ministro), "violentar la lengua". Lo cual significa, obviamente, abrirse una brecha para marginarse de ella. Igualmente falsos, son los plurales latinos curricula y memoranda (de curriculum y memorándum), frente a los genuínos "currículos" y "memorandos" (de currículo y memorando, respectivamente).

55. Falsos son también, los plurales: "ajíses" y "maníses" (de ají y maní, en cada caso); Aun cuando la RAE legitime el triple plural de maravedí: maravedíes, maravedís y maravedises.

56. Una vez más, no todo es maniquéamente blanco o negro en español. Es que no es lo mismo una lengua histórica como la nuestra; que una lengua de laboratorio, como el Esperanto, por ejemplo. La nuestra es obra de todos nosotros y en ella, todos hemos aportado nuestra cuota de irracionalidad, movidos muchas veces, por valores distintos (éticos o estéticos, etc.) de los puramente intelectuales; o por un razonamiento puramente analógico. Desde un punto de vista sintáctico, son falsificaciones también, tanto la supresión de algunas preposiciones delante de "que" ("queísmo"), como "antes (de) QUE se agote", en caso (de) que salga (frente a antes de agotarse, en caso de salir). Fenómeno que se advierte en el propio señor Banderas cuando escribe "en la medida (en) que depuremos". Como la adición de "de", antes de que ("dequeísmo") en frases del tipo : "yo creo de que...", "El piensa de que", etc. Por tratar de expresar "yo creo que", "él piensa que", etc.

57. El uso genuino es el uso que nos autoriza decir que hablamos español y no una mezcla de español e inglés, español y francés, español y latín, etc. Sólo que lo que es genuino en una lengua, tampoco es muy fácil de establecer: Los sonidos (fonemas) de "z" y "ll", por ejemplo (caza, pollo), aunque propios del español estándar, son pronunciados como distintos de "s" y de "y", respectivamente (casa, poyo), sólo por una minoría dentro del mundo hispánico y -a pesar de esto- seguimos pensando que hablamos español.

NECESARIO E INNECESARIO.

58. En cuanto a las categorías de "necesario" e "innecesario", conceptualmente hablando, éstas son aplicables, sobre todo, a los sinónimos de igual significación; la mayoría de los cuales son, en este sentido, inútiles y -por lo mismo- innecesarios. Ya sea que se hayan originado en español, conforme a su propias reglas, como "explosar" o "explosionar", junto a "explotar"; "Concretizar", junto a "concretar"; "recepcionar" junto a "recibir", y un sinfín de ejemplos más; ya sea que se hayan producido por la incorporación de un término extranjero, como "staff", al lado de "personal" (de empresa); "fútbol", al lado de balompié; "chance", al lado de oportunidad, etc. El empleo de sinónimos, conceptualmente innecesarios, complica también -innecesariamente- el manejo del idioma y recarga inútilmente la memoria; Pero, porque evitan que el estilo se haga pesado con la repetición de una misma voz; o porque poseen una carga afectiva diferente; o bien porque -con el tiempo- algunos terminan por diferenciarse semántica-mente, llegan a hacerse "necesarios", contribuyendo así al enriquecimiento de la lengua. Es lo que ha ocurrido, por ejemplo, con las palabras "afiche-cartel", "sofisticado-complicado", "tour-excursión"; cuyos términos NO siempre se pueden usar indistintamente.

EXACTO E INEXACTO.

59. Por otro lado, es inexacto usar "antiproyecto" con el significado de "anteproyecto"; "antidiluviano" con el de "antediluviano" y "retrospectivo" con el de "retroactivo".

60. El confundir una palabra con otra semejante en la pronunciación, pero de muy diverso significado, conduce, obviamente, a decir una cosa por otra. Distorsionando, de esta manera, la comunicación e impidiendo, por lo mismo, una cabal comprensión. Con lo cual, el hablante no consigue lo que quiere o no lo consigue exactamente.

61. El uso indiscriminado de un término, en diferentes contextos, a la manera de un comodín - como "evento", por ejemplo- repetido hasta la saciedad; atenta contra la matización y precisión de la expresión del pensamiento, como lo ha puesto de manifiesto más de una vez, la profesora Marina Orellana en la sección "Buenas y Malas Palabras" de El Mercurio, donde viene realizando una excelente labor.

LA NORMA CULTA FORMAL.

62. Ahora bien -y esto es lo que todos debemos saber- un uso culto formal (Es decir, el que hace una persona instruida en situaciones formales y que idealmente tendría que incluir sólo los usos genuínos, exactos y necesarios del idioma), tiene prestigio social. (IMAGEN) Y ello, porque la cultura que representa, frente a un uso culto -informal, propio del trato con amigos y familiares; o, simplemente inculto, desacreditado por las personas cultas (junto con sus usuarios, la gente iletrada a la cual se le coloca en una situación muy desmedrada, dado que vivimos en una sociedad altamente competitiva); Pero, uso perfectamente viable, sin embargo, entre tanta gente.

63. El prestigio social e la norma culta formal deriva de ser el medio por el cual es posible expresar los contenidos más refinados de nuestra cultura inmaterial, por lo que es la norma empleada predominantemente en la literatura, en la llamada "Prensa Seria" (oral o escrita), en las obras científicas, tecnológicas, filosóficas, religiosas y pedagógicas (textos de estudio), en los escritos y actos oficiales de las instituciones públicas y privadas, en las reuniones protocolares, en la cátedra, en las conferencias, en el púlpito, en el estrado, etc.

64. Es la norma privilegiada por la comunidad, considerada como ejemplar, como modelo del bien decir; como la forma superior de hablar, hasta el punto de sentírsela como lengua estándar nacional. De hecho, por ser la más elaborada, reflexiva e intelectual, es la que menos difiere (pero, difiere) de país en país, dentro del mundo hispánico, frente a las otras normas (culta-informal e inculta), claramente distintas de una comunidad a otras. Con todo, NO es para usarla en todas circunstancia; pues, la norma culta- informal, más "fresca" y espontánea, la supera en recursos de expresión de la afectividad.

65. En cuanto a la manera de hablar de las personas no instruídas o de bajo nivel de escolaridad; si bien, desde el punto de vista socio - cultural, carece de prestigio; Desde el punto de vista lingüístico es también importante, ya que incide en el destino de la lengua; Pues, sus usos -con frecuencia- terminan con el tiempo, incorporándose a los de la gente culta, adquiriendo un nuevo estatus.

FUNCIÓN DEL HABLANTE.

66. Que el hablante decida, pues, con conocimiento de causa, su conducta lingüística y asuma las consecuencias de su decisión.

67. El español se habla "correctamente" de muy diversas maneras. Tantas como exija cada situación (contextos y propósitos). Es, como todo idioma, plurinormativo; pues, fuera de un común denominador, que garantiza un mínimo de intercomprensión entre los interlocutores de un mismo país (norma general), no se habla exactamente igual en todos los lugares (Dialectología); tampoco lo hacen los adultos, jóvenes y niños, conversando entre sí, o los unos con los otros (Estilística); Tampoco lo hacen así, una persona instruída con una analfabeta (Sociolingüística); Lo mismo ocurre entre personas de zonas rurales con zonasurbanas y/o marginales (Sociolingüística). Tampoco, las personas que se encuentran en una situación formal o informal (Estilística); o, la persona que tiene una determinada actividad intelectual o manual no se expresan de la misma manera en relación a lo que hacen (Idiolectos jergas). Tampoco las mujeres y los hombres, cuando hablan separados, de los suyos (Idiolectos). Tampoco, lo hace de la misma manera un “abuelito” que dice “viógrafo” (ver), conversando con su nieto (Lingüística histórica).

68. De aquí, que cada norma sea sintomática de nuestra particular condición humana. Tanto, que es posible afirmar, parafraseando un conocido aforismo: "Dime como hablas y te diré quien eres".

69. Claro es que, para que la gente no instruida o de escasa instrucción logre hablar como persona culta, debe dejar de ser inculta. Para lo cual, no basta que se aprenda de memoria las observaciones que en forma inorgánica y no siempre acertada, está haciendo el señor Banderas. Ni siquiera las que yo estoy aportando aquí.

70. Se necesita mucho más para que se termine con la incultura como totalidad, con la ignorancia, con el subdesarrollo mental; del cual, la norma lingüística inculta no es más que UNA de sus manifestaciones: Que toda nuestra población, sobre todo la infantil, tenga acceso a una escolaridad permanente y sistemática; donde aprenda, no sólo lo que en la lengua se ha creado hasta hoy, sino también los propios mecanismos de la creación lingüística. Que el libro esté a su alcance a un precio accesible o en buenas bibliotecas. Que se evite que en las aduanas se tenga, prácticamente que comprar las publicaciones que se reciben de regalo o como intercambio, desde el exterior.

FUNCIÓN DEL GRAMÁTICO.

71. Si bien es cierto que -como sostiene Manuel Seco, pensando sin duda, en la forma oral del lenguaje- "Los gramáticos no hacen las lenguas, ni las reforman, ni son capaces de detener su evolución, (pues) una lengua es patrimonio de una comunidad y quien la hace y altera y la deshace es la masa, la mayoría. Contra cuyo ímpetu, nada puede la voz aislada de un sabio (y menos de quien no lo es)".

72. No es menos cierto que con la ayuda del gramático se puede "orientar" y encauzar (nunca forzar) la decisión lingüística de la muchedumbre, hacia el modo de expresión más conveniente a sus propósitos.

OBSERVACIONES ESPECÍFICAS.

73. Hasta aquí mis consideraciones sobre la validez de los criterios que ha tenido en cuenta el profesor Banderas, para juzgar nuestra manera de hablar. Ahora, quisiera entrar en algunos detalles relacionados con lo que afirma en algunos de sus artículos del Tomo 1º, para lo cual lo citaré entre comillas, sin las páginas, por razones de espacio. Seguiré el siguiente orden: Fenómenos de pronunciación, ortográficos, morfológicos, sintácticos y léxicos.

FENÓMENOS DE PRONUNCIACIÓN.

74. Afirma que la persona que dice "calientito", en vez de calentito, comete un "error"(...), fácil de comprende: se piensa que calientito deriva de "caliente" y que, en consecuencia, debiera conservar el diptongo "ie". Pues bien, el problema no está en la derivación, que es correcta, sino en la conservación del diptongo en el derivado. Hay palabras como ésta en que, la sílaba acentuada, la tiene el diptongo "ie" y en sílaba inacentuada la tiene la "e": Nieve nevar, nevazón; tierra, terroso. Sin embargo, como las lenguas no son entidades matemáticas ni lógicas, la RAE acepta -por ejemplo- frente a 'piedra', pedrada y piedrezuela. ¿Por qué, entonces, frente al caliente, calentito y calientito es intransigente?.

75. Tan común es en Chile -en todos los niveles- "toperol", por estoperol (censurado por el profesor Banderas ) que, en el Diccionario Académico Chileno se registra sin el calificativo de "vulgar". En una encuesta léxica sobre norma culta que aplicamos hace algunos años a trece profesionales santiaguinos -entre ellos, algunos profesores de castellano- cuando se les preguntó el nombre del "protector de hierro para los zapatos de fútbol", 9 respondieron "toperoles" y sólo UNO, respondió "estoperol" (Como recomienda Bandeas).

FENÓMENOS ORTOGRÁFICOS.

76. Particularmente desafortunado es el artículo que el autor titula "Ortografía Acentual".

77. Al referirse al acento prosódico, afirma que este acento no se marca en la escritura, sólo "se pronuncia". Cuando lo cierto es que sí se marca en determinados casos y ello justifica la rayita llamada "acento ortográfico".

78. Más adelante anota: "También tenemos en castellano el acento dierético, que sirve para separar la estructura de algunas palabras. Ejemplos: Raúl, tranvía, búho".

79. Al respecto, cabe observar que:

1) Ni (las expresiones) "acento dierético", ni dierético solo, están aceptados por la RAE. Luego, según su propia doctrina, son "incorrectos" (por lo tanto este autor no debería usar esas palabras).

2) Falta coma antes de "que".

3) El acento en los ejemplos que da el autor, no sirve para separar ninguna estructura; sólo sirve para que el lector que no conoce nuestra norma culta formal, sepa que las secuencias de vocales en estos casos, forman hiatos y no diptongos; y que, por lo mismo, no deberían pronunciar Rául, tránvia y buhó, según los hábitos acentuales del español.

80. Después de clasificar las palabras por el acento, en agudas, graves, esdrújulas y sobresdrújulas, nos dice que ello ocurre "según se cargue la voz en la última, penúltima o antepenúltima sílaba, respectivamente"

81. Omite pues, lo que pasa con las sobresdrújulas. Luego agrega que tales palabras "en determinadas circunstancias, pintan acento ortográfico".

82. Siendo que:

1) Las palabras no pintan nada (no son pintoras) y.

2) Las llamadas esdrújulas y sobresdrújulas se acentúan siempre gráficamente, como el mismo autor, contradiciéndose, lo señala más adelante.